Cuando tu enemigo eres tú. Di NO al autoboicot 

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Cuando tu enemigo eres tú. Di NO a autoboicot

Hay veces que las cosas no nos salen. Y no sabemos bien por qué, pero no conseguimos que fluyan las cosas. Miramos a nuestro alrededor y no detectamos dónde se encuentra la piedra en nuestro camino. Pero sabemos que la hay… Si buscas el enemigo fuera y no lo encuentras piensa que puede estar dentro. Y es que la mente a veces nos juega malas pasadas, nos pone trampas difíciles de esquivar, y el camino se hace cuesta arriba. Se trata del autoboicot

Cuando tu enemigo eres tú, es más importante que nunca conocer cómo puede llegar el sabotaje y, sobre todo, cómo revertirlo y convertirte en tu mayor aliado

El autoboicot como forma de vida 

El autoboicot es la tendencia a ponernos límites, frenos y trabas a nosotros mismos. Es una acción inconsciente, que no hacemos “a posta” y que nos limita las opciones, las posibilidades y los intereses.  

Algunos expertos creen que se basa en un sistema de autoprotección, que nos protege del fracaso o del dolor a corto plazo, pero es un mecanismo que también nos limita el crecimiento y no nos permite luchar por lo que queremos conseguir. También puede deberse a creencias muy arraigadas sobre nosotros mismos, a una dinámica de sobreprotección que no permite explorar opciones, o a una excesiva rigidez en las metas perfectas que se quieren conseguir. 

Sea como sea, para alcanzar el éxito hay que arriesgarse y este mecanismo de protección nos limita y no nos permite trabajar por nuestros objetivos y metas. 

Síntomas de autoboicot: las trampas mentales

Esos pensamientos negativos con los que nuestro “enemigo interior” nos habla debemos poder detectarlo y canalizarlos.  

  1. Negarnos necesidades reales. Es muy frecuente y consiste en negarse a uno mismo aquello que necesita o desea.  
  1. Talentos ocultos. La crítica ajena puede ser difícil de superar, lo que hace muy fácil ceder a “escondernos” y no mostrar todo nuestro potencial 
  1. Procrastinar: mejor mañana…Este hábito tan tóxico es un poderoso escudo para no fracasar en algo. Si nunca lo empiezas, o lo empiezas tan tarde que no se puede hacer “bien”, siempre tendrás la excusa para no conseguirlo. Además esto aumenta la sensación de incapacidad que hace que sigamos postergando las decisiones y no cogiendo las riendas de nuestra propia vida. 
  1. Autocrítica constante. Y como no conseguimos hacer las cosas como queremos, nos juzgamos de forma negativa, lo que alimenta al enemigo que llevamos dentro. 
  1. ¿Perseverar? No, gracias. Y es que, si dejar las cosas a medias y nunca terminarlas, es la mejor forma de no saber si la habríamos hecho bien o no. Sabotear el éxito potencial de nuestras decisiones es un modo de boicot muy extendido. 
  1. Perfeccionismo extremo. Si buscamos el momento perfecto para hacer perfecto aquello que queremos hacer, eso no va a pasar nunca y nunca será como queremos que sea. 
  1. Excusas, excusas y más excusas. La toma de decisiones es el inicio de todo proceso de cambio. Y no tomarlas es el inicio de un sabotaje completo a nuestras opciones de mejora, de evolución y de avances. 
  1. Miedo al rechazo. Porque actuar no deja de ser exponerse al rechazo. El ser humano es un animal social y nos cuesta mucho hacer cualquier cosa que nos haga creer que se puede ver afectada nuestra faceta de interacción y nuestras oportunidades.  

Cómo ganar la batalla contra uno mismo 

Este mecanismo de protección intenta evitar que sufras fracasos. Pero, cuando te niegas a perseguir un objetivo, cuando te dices a ti mismo que no necesitas algo que sabes que deseas, cuando, de forma consciente o inconsciente, sientes que no te interesa algo que, en el fondo, te encantaría, te estás autosaboteando. 

Todos tenemos  un pequeño saboteador dentro de nosotros. Como hemos dicho en varias ocasiones, se trata de un mecanismo escudo que trata de protegernos del sufrimiento. Pero se trata de un círculo vicioso que debemos romper: 

Como no me doy la oportunidad de hacer algo, nunca lo consigo. 

Como nunca consigo lo que quiero, no lo intento. 

Ceder a este círculo vicioso hace que siempre estemos en la incertidumbre, que sigamos en el mismo punto, sin movernos. Veamos cómo romperlo: 

  1. Define el motivo de tu meta. Conocer el por qué de tu meta, seguro que te ayuda a no perderte en el camino. 
  1. Potencia los hábitos positivos. Todo aquello que te hace bien, a corto o a largo plazo, deben tener un espacio en tu día a día. 
  1. Refuerza tus logros. Has conseguido muchas cosas, no lo olvides.  
  1. Abandona el perfeccionismo: mejor hecho que perfecto. 
  1. Elimina distractores. Todo aquello que pueda hacer que tu atención se distraiga puede hacer que tu “enemigo interior” despierte.  
  1. Trabaja tu inteligencia emocional. Tu autocontrol, tu capacidad de empatía, tus habilidades sociales, tu autoconocimiento, son fundamentales para poder avanzar en la vida hacia nuestras metas. 
  1. No puedes controlarlo todo. Asúmelo y verás que, además, no es necesario. 
  1. Háblate bonito. No dejes que tu diálogo interno te dé mensajes negativos. Quiérete, respétate y háblate con cariño. Lo mereces. 

Cuéntanos tus trucos para combatir las trampas mentales del día a día. Te escuchamos